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CRÓNICA DE LA PRESENTACIÓN DE ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

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Viernes 17 de abril. Cinco minutos para las siete de la noche. Guardaespaldas. Cordón de policías. Local atiborrado. Ni un asiento vacío. Gente de pie al fondo. El evento aún no comenzaba, sin embargo había gente haciendo cola a un costado, esperando por una firma, una dedicatoria. Todos tenían un libro de él en la mano.
- Profesor, ¿tanto alboroto?
- Sí. Es que es Alfredo Bryce Echenique.
Entró tan sereno y tranquilo como si no supiera que toda esa gente esperaba hace horas que él llegara. Apareció, de repente, de entre la multitud que quería verlo y estaba amontonada en la puerta. Como si no fuera él: Alfredo Bryce Echenique.
El creador de Un mundo para Julius estaba por primera vez en una feria del libro en Lima Norte, era la segunda feria que se organizaba en este espacio tan atractivo para todos en estos momentos. Los que estuvimos presentes tuvimos la fortuna de ver a un dinosaurio, uno de los mejores escritores de Latinoamérica, sino del mundo, aún vivos, creador de tantos cuentos y dueño de una prosa tan oral como cuando habla. Escucharlo contar sus anécdotas era como escuchar sus cuentos desde una casetera antigua. De la manera más natural nos narraba como él, que comenzó odiando los libros, luego fue tantas veces galardonado por escribirlos. Nos contaba de cómo leía a esos escritores que luego conocería personalmente. De cómo es que se hizo amigo de García Márquez y de Fidel Castro. De cómo conoció a la Madre teresa de Calcuta. De cómo su infancia lo había marcado, tanto así que era el tema del cuento que le daba nombre a su último libro La esposa del rey de las curvas, en el que nos compartía una de esas imágenes, tan a lo Bryce, que guardaba de sus padres. Libro de cuentos totalmente recomendable, figura ahora entre las bibliotecas de nuestros alumnos, nada menos que autografiado. Los alumnos de secundaria, de primero a quinto de Santa maría de la Providencia, estuvieron en la conferencia y en la firma de autógrafos, toda una experiencia para ellos que posteriormente le darán ese valor más allá de la emoción instantánea de poseer un libro autografiado por el mismo Bryce.
Alfredo se fue triste por no poder firmar todos los libros que faltaba pues la cola parecía interminable, pero ya se había pasado media hora más de la pactada y tenía otras obligaciones. Se despidió de todos nosotros y nosotros nos quedamos con su recuerdo, yéndose como ingresó rodeado de guardaespaldas, policías, lectores pugnando por una firma, todos en procesión detrás de él.
Gracias Alfredo.

 

 

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